09 julio 2008

Tienda SINCOSTE

Por BEATRIZ RUBIO (SOITU.ES)

¿Quién no conoce a alguien con un armario hasta arriba de ropa que no usa? Mucha gente tiene como hobby ir de compras y adquirir productos que no necesita. Con el tiempo lo que suele ocurrir es que se cansan de ellos o que la falta de espacio los condena a la basura. Pues bien, ¿por qué no aprovecharse de esto? Seguro que hay cosas que alguien va a tirar y que tú necesitas. Si estamos acostumbrados a transferir la ropa de hijos a hermanos o primos ¿por qué no hacer lo mismo con nosotros mismos?

En EE.UU. es bastante común organizar mercadillos caseros, habitualmente entre grupos de amigos. Es una económica forma de deshacerse de aquello que no hace más que estorbar en el armario y, en ocasiones, sacar algo de dinero extra.


Muchas veces se asocia la idea de 'ropa de segunda mano' con la de una ropa cutre, sucia o de mala calidad. Pero no todas las prendas tienen por qué estar en mal estado. Simplemente mucha gente se cansa de usar lo mismo, cambia de talla o ya no tiene espacio en el armario. Es entonces cuando se puede acudir a otras personas, bien para dársela o, mejor aún, para intercambiarla y evitar comprar nuevas cosas que si se necesiten.

Con este escenario, un grupo madrileño de amigos reflexionó sobre la cantidad de prendas a las que no daban uso. Decidieron que sería una buena idea crear un lugar en el que se pudieran intercambiar los bienes ya que "lo que a una persona ya no le gusta y no le da uso, a otra le podría encantar". Leticia Díez, miembro de la Comisión de Consumo de Ecologistas en Acción, fue una de las promotoras de la iniciativa: "la idea que tenemos es: si no lo usas tú, deja que lo use otro". Uno de los principales problemas con los que se encontraron fue que no disponían de un lugar en el que dejar la ropa, pero en el Centro Social Patio Maravillas apoyaron la iniciativa y les dieron un lugar.


Leticia asegura que: "no sabíamos cómo iba a salir el proyecto, tampoco qué tipo de gente iba a acudir a la tienda pero, el éxito de la iniciativa nos ha impresionado mucho; acuden personas de todo tipo: inmigrantes, gente del barrio (la frutera, la de la tienda de la esquina...)". Una de las anécdotas que cuentan con más ilusión es la de dos ancianas que cuando se enteraron de la tienda se cruzaron todo Madrid para hacerse con alguno de los productos "les gustó la idea y, además, la pensión no les daba para otras compras".


Leticia cuenta que entre el grupo de amigos que voluntariamente llevan la experiencia adelante tuvieron un debate sobre si ponían o no una limitación de prendas, al comprador, pero finalmente decidieron no hacerlo "la gente hace un uso bastante racional de la tienda, si se llevan mucha ropa es porque lo necesitan".


La tienda SINCOSTE, que así se llama, está abierta todos los días: "al principio abríamos sólo tres días por semana, pero visto el éxito lo ampliamos". En principio lo único que se intercambia es ropa, pero también se dejan notas con un teléfono y lo que cada uno puede ofrecer, por ejemplo, una litera, algún mueble...


Leticia Diez: "la gente hace un uso bastante racional de la tienda, si se llevan mucha ropa es porque lo necesitan"


La tienda SINCOSTE del Patio Maravillas quiere ser un espacio de objetos con valor y una alternativa frente al consumismo actual. Por otra parte, no quiere terminar siendo un lugar en el que se acumule la ropa y los objetos de forma caótica pareciendo un "trastero de curiosidades", por ello, Leticia y sus amigos revisan las prendas antes de ponerlas a disposición de los 'no compradores': "si están sucias o rotas, no las sacamos, pero la mayoría están muy bien, incluso algunas llegan con la etiqueta".


Los primeros locales de este tipo comenzaron a funcionar a principios de los 90, pero su generalización se produjo a finales de la década. Alemania es uno de los países pioneros en las tiendas gratis, actualmente funcionan más de 20 en todo el país. Cada una tiene sus particularidades, ya que todas son independientes y se organizan autogestionándose por la asamblea de los voluntarios que las forman, pero la intención que las anima es similar: acabar con el triángulo maldito casa-trabajo-consumo.


No podemos olvidar que no es sólo un método de ahorro, sino también ecológico. Cada español genera una media de 524,5 Kg de residuos cada año; si nuestro vestuario está en manos de otras personas y no en la basura, estaremos colaborando a disminuir esta montaña de desechos.

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