26 julio 2008

Sectores tradicionales, negocios innovadores: alimentación saludable


Por María Sanz

A menudo olvidamos que la innovación no es exclusiva del sector tecnológico, sino que es posible innovar en todos los ámbitos productivos. Precisamente, uno de los más disruptivos ha sido el de negocios tradicionales relacionados con la alimentación. Ya sean frutas, verduras, pescado, derivados del vacuno, etc., son ya muchos los negocios que de una u otra manera se las han ingeniado para mejorar sus beneficios.

Aunque no todos los casos son similares, hay una tendencia común: los productores que han decidido tomar las riendas de su negocio aprovechando nuevos canales como Internet para llegar directamente a los consumidores sin necesidad de pasar por las cadenas de distribución que en muchas ocasiones ahogan sus beneficios. Como decíamos, Internet ha sido decisivo, pero en conjunción con una nueva mentalidad que busca lo natural, lo orgánico como símbolo de salud, cuidado y autoestima.

Una mentalidad que valora y aprecia conocer el origen y el tratamiento de los alimentos que consume -su trazabilidad- e incluso a su productor, con quien valora un trato cercano y de confianza. Autoestima y control sobre nuestro organismo y nuestra vida, en definitiva. Saber quién está detrás de nuestra alimentación, saber cómo cuida sus productos que acabarán siendo los nuestros, y saber si compartimos una misma filosofía de respeto hacia lo natural.

En el sector hortofrutícola es donde encontramos mayor número de ejemplos: campesinos, productores que, en solitario, de forma familiar o en cooperativas, han explotado Internet como canal de venta directa al consumidor. Pero también cooperativas de pescadores o granjas avícolas y ganaderas han decidido acercarse al consumidor a través de Internet introduciendo además una variante más en el modelo de negocio: el concepto de adoptar a un animal. Además, no se trata sólo de un fenómeno local, sino internacional.

En la web Adopt a Hen (Adopte una gallina) de Reino Unido cualquiera puede adoptar una gallina y a cambio recibir huevos frescos y disfrutar del privilegio de seguir vía webcam las evoluciones de nuestra tutelada o incluso ir a la granja a visitarla. Las cuatro razones esgrimidas en su web para adoptar son significativas: salvar una gallina de las granjas intensivas que provocan un estrés continuo en las aves para forzar cuantas más puestas mejor; tener una gallina sin la incomodidad de cuidarla; conocer el origen de los huevos que comemos y, por supuesto, disfrutar de ellos. En Cataluña encontramos una iniciativa similar en la masía Claperol, que nos ofrece adoptar una vaca a cambio de recibir productos lácteos elaborados en la granja y de la seguridad de que se trata de animales alimentados sin pienso -en campos tratados orgánicamente y sin ningún tipo de pesticida- y tratados con medicina homeopática. El coste del apadrinamiento son 1.500 euros que se reembolsarán íntegramente en productos ecológicos

Sumamente interesante es el caso de Pesca Ràpita, la empresa creada por los pescadores de la Cofradía de Pescadores de Sant Carles de la Ràpita, en Tarragona. Pesca Ràpita vende a través de Internet y de una pescadería en el mismo pueblo, aunque a mediados de 2008 espera abrir otra pescadería en Tortosa. Se trata de una organización de productores, una nueva figura jurídica creada por Bruselas, que lleva ya cerca de tres años de actividad y recibe directamente ayudas de la UE. «Nosotros no vendemos por debajo del precio de mercado, sino que compramos en la subasta igual que los distribuidores. Pero al comprar nosotros para comercializar el pescado directamente, tenemos la posibilidad de evitar las grandes bajadas de precio que provocan los grandes compradores a partir de la mitad de la subasta», nos explica Josep Tomàs Félix, su presidente. «Nuestro objetivo no es, por tanto, hacernos ricos, sino asegurar un precio justo del pescado. Aun así, nuestro precio final vía Internet es el precio de coste de la subasta más el transporte, y al consumidor final le sale más económico, sin duda». En Pesca Ràpita, premio Innova de Tierras del Ebro, trabajan nueve personas, venden entre 1.000 y 1.500 kilos diarios entre la tienda e Internet, de los que cerca de 2.000 kilos semanales son vía web.

En el campo hortofrutícola, los casos son abundantes: de pioneros como la familia Aparici y su negocio Naranja Lola, a iniciativas empresariales más recientes como Ecocaja, que distribuye a todo España, pasando por explotaciones familiares como Can Jordana. Todos ellos ofrecen productos ecológicos de temporada que transportan directamente a casa del cliente a los pocos días de su recogida, asegurando de esta manera un sabor auténtico. Su posicionamiento frente a la oferta insípida de las cadenas de supermercados es clara. Productos de agricultores locales, cosechados en entornos cercanos y recolectados en el momento de maduración adecuado ya que el transporte es inmediato, y precio competitivo al vender directamente al cliente y ahorrarse el canal de distribución. En el otro lado de la balanza, los supermercados ofrecen cualquier producto durante todo el año gracias a comprar en mercados lejanos para asegurar la no temporalidad de la oferta y precios de producción más bajos que los locales, pero a costa de procesos de producción agresivos con el medio ambiente y de recolecciones prematuras para poder llegar a la mesa de sus clientes con el producto en condiciones a pesar de las largas distancias recorridas.

El público objetivo que busca calidad es un colectivo cada vez mayor que empieza a exigir certificados de calidad en lo que se muestra ya como un mercado floreciente. Sin embargo, aunque el interés por el servicio a domicilio va en aumento, todavía no es comparable al existente en Alemania o Reino Unido, por ejemplo, porque pesa la cultura del mercado, que nos permite elegir libremente lo que queremos, en el momento.

  • Naranjas Lola, de Cullera (Valencia). Comenzaron a vender por Internet en 1999 a raíz de un reportaje sobre la tienda virtual de material de montaña Barrabés. Con su lema «Del árbol a su mesa en 24 horas», se han especializado en producción de naranjas de gama alta. Les compran los mejores restaurantes del país y clientes ilustres... Tienen la particularidad de que no cobran hasta que no se haya probado su producto.

  • Cesta Verde. Distribuyen cestas de fruta, de verdura o mixtas semanal, quincenal o mensualmente en Madrid y alrededores. Pesan de 5 a 8 kg y el precio es de 18,95 euros más 7 euros de transporte. Las cestas se pueden personalizar eligiendo uno mismo hortalizas y frutas, además de zumos, huevos, leche, conservas, pastas, caldos, legumbres y aceites. La mayoría de productos frescos proceden de Navarra.

  • Ecocaja. Distribuye en toda España cestas de unos 7 kg por un precio desde 27,95 euros en Madrid a 33,87 euros en las capitales de provincia más alejadas, en caso de suscripción. La Ecocaja da la opción de incluir productos no perecederos como pasta, cereales, legumbres, aceite y otros.

  • Recapte. Siguiendo las indicaciones de técnicos en nutrición, esta empresa leridana, una de las pioneras del sector, elabora cestas equilibradas de hortalizas y fruta de temporada. Precio de cuatro cestas: 120 euros. Existe la opción de suscribirse para todo el año. El transporte a cualquier punto de España está incluido.

  • Can Jordana. Se trata de una finca del Masnou, pueblo al norte de Barcelona, que distribuye por todo Barcelona y la zona del Maresme. La compra mínima es de 25 euros, 40 euros para la zona de Barcelona, y cada cliente escoge los productos y la cantidad que desea consumir. Sin costes de transporte adicionales.

Otro tipo de iniciativas son las que han basado la reinvención de un negocio tradicional en la innovación del producto. Es el caso de Xop(chopo en catalán), una empresa leridana creada en septiembre de 2004 que ha logrado poner en marcha un floreciente negocio optimizando la producción de una seta tan común como la gírgola (Pleurotus ostreatus y Pleurotus pulmonarius) gracias a las técnicas de cultivo tradicionales sobre sustrato de madera de chopo: «El gusto de la gírgola está condensado cuando la seta es muy pequeña, y cuando crece no hace más que diluirse», explica Enric Gràcia, micólogo en el departamento de Biología Vegetal de la Universidad de Barcelona y socio de la empresa, «por lo tanto, la oportunidad estaba en comercializar la gírgola no mayor de 2,4 cm, que permite hacer conserva, por un lado, y aceite aromatizado gracias a su intenso aroma, por el otro». Sencillo, abrir la lata, saltearlas unos minutos en la sartén y comerlas como una tapa o aperitivo. Calidad y no cantidad. La segunda gran línea, todavía en fase de estudio, sería el desarrollo de productos de parafarmacia aprovechando las propiedades de las setas para reducir el colesterol y para activar el sistema inmunológico contra afecciones leves como la gripe. Pero, como ahonda Enric, «en este campo aún estamos variando el concepto al ritmo de nuevos descubrimientos».

Si recapitulamos veremos que asoman claramente cuatro valores: preocupación por la salud; interés por el desarrollo sostenible y el mundo animal; necesidad de conocer y controlar nuestra alimentación, en definitiva, la base de nuestras vidas, e iniciativa empresarial de pequeños productores en busca de una mayor autonomía y control profesional. Sectores tradicionales que han sabido conectar con inquietudes vitales modernas aprovechando herramientas globales como Internet.

1 comentario:

mobesse dijo...

Me parece bien todas estas iniciativas; de verdad. Hay que seguirlas y apoyarlas. Pero me da mucho miedo el discurso que generan, la visión rosa (en este caso verde) de que estamos transformando el mundo. Es mentira. Esto sólo lo podemos hacer unos pocos privilegiados que hemos "podido" alcanzar cierta conciencia ecológica. Si queremos controlar de verdad nuestras vidas no podemos dejar que, incluso el Estado, este controlado por las grandes corporaciones multinacionales, el poder financiero y, en definitiva, el Capital. No hay que decirle a Bimbo nada; hay que dejar de consumir esa mierda multinacional.
En fin, no nos confundamos de enemigo.