17 enero 2007

El 'boom' de las cooperativas de consumo

JOSE F. LEAL. JAIME VILLANUEVA


Es el consumo de alimentos ecológicos exclusivo de burgueses y adinerados? No. Los hay que no quieren o no pueden permitirse los prohibitivos productos con sello ecológico de los supermercados y aún así consiguen llevarse a la boca tomates y lechugas libres de esencias químicas por un precio razonable. A cambio, se organizan en cooperativas de consumo y asumen el trabajo de contactar con los productores y gestionar el reparto entre los miembros del grupo.
Cada vez son más en todo el Estado y están mejor engrasadas. Sus socios buscan comer sano pero consiguen algo más: revitalizan las huertas cercanas a sus ciudades, fomentan el consumo responsable y alimentan una cultura que se perdía, centrada en una mayor conciencia sobre lo que comemos, cómo y cuándo lo hacemos y de dónde viene.
Hablamos de Almocafre, en Córdoba, de La Ortiga en Sevilla, de la Coordinadora de Grupos de Consumo Agroecológico de Madrid, entre más de un centenar. Muchas de ellas se formaron en los años 90. Como Germinal, nacida en el barrio de Sants de Barcelona en 1993, que fue la primera catalana en constituirse. «Hoy hay más de 40 cooperativas sólo en Cataluña», apunta Ferrán Alejandre, su tesorero. El local de la barriada eminentemente obrera donde cada jueves hacen el reparto contrasta con el del potentado barrio de Sarriá y el del industrial pueblo de Rubí, donde estos años han surgido dos 'sucursales' de la cooperativa. En total, unas 130 unidades de consumo, a las que llaman familias, grupos de amigos, estudiantes y otros vecinos individuales que se agrupan para hacer un pedido semanal de entre 30 y 70 euros de media. Manejan unas 200 referencias, desde productos de huerta de temporada hasta cosméticos y jabón, pasando por el pan, aceite, legumbres o huevos que adquieren directamente a cerca de 30 proveedores. El único producto en el que de vez en cuando hacen ciertas excepciones es el tomate. «Somos catalanes y nos resulta muy difícil prescindir de él», apunta Alejandre.
En esencia, todas funcionan de manera muy similar: personas de un mismo barrio o ciudad forman grupos no muy numerosos organizados en torno a un pequeño local urbano donde reciben los alimentos directamente de los productores. Los miembros se reparten las tareas de comprar y gestionar los pedidos, de mantener el local, la contabilidad y los contactos con otros grupos afines. Pueden ser cooperativas o simples asociaciones. Las más grandes tienen algunos empleados y las hay, incluso, en las que los propios agricultores son socios de la cooperativa y participan en la toma de decisiones.
Consumo local
Creen las cooperativas que un producto no es ecológico si tiene que recorrer cientos de kilómetros hasta formar parte de su nevera. «¿Lo es un kiwi cultivado sin nitratos pero que procede de Nueva Zelanda o de California?», preguntan. El equilibrio es frágil y en cada movimiento se asume que puede darse una cuota de contradicción. Para evitarlas, a la hora de elegir sus proveedores priman, ante todo, la cercanía, el número de manos que 'tocan' cada artículo -cuantas menos, mejor- y la coherencia entre la explotación ecológica y las condiciones laborales de los trabajadores.
Aunque cada vez más agricultores se animan a plantar ecológico, es fácil que, cuando cogen cierto tamaño, el proceso de producción se aleje del original. Lo mismo sucede con las propias cooperativas, cuyo modelo asambleario a veces les sumerge en largos procesos de debate interno.
Por otro lado, son partidarias de la producción artesana y local, más que de los sellos certificadores. Según Carmen Casas, miembro de la cooperativa Almocafre del barrio cordobés de Vista Alegre, «el aval del CAE -el organismo regulador de los productos ecológicos- no siempre tiene el mismo sentido de lo ecológico que defendemos nosotros. Con nuestros proveedores nos movemos más por una relación de confianza».
Fuera de las grandes moles urbanas como Madrid, el País Vasco y Barcelona, es en Andalucía, el paraíso de la agricultura ecológica, donde más se ha desarrollado el cooperativismo. Desde su creación en 1994 en el entorno de Aedenat y el instituto de Estudios Campesinos de Córdoba, Almocrafe ha disparado su tamaño y modificado su modelo de gestión. Hoy dispone de un local de 110 metros cuadrados en el que trabajan tres personas y vende al público más de 1.200 referencias. En temporada, las cebollas pueden encontrarse aquí a 0,90 euros el kilo y los tomates, hasta a 0,87 euros. Incluso en invierno consiguen buenos precios gracias a los microclimas de diferentes zonas cercanas. «Aquí se producen pimientos rojos todo el año», asegura Carmen.
Los 210 socios pagan cada año 37 euros y a cambio obtienen descuentos del 5%. Almocrafe se surte tanto de los pequeños productores periurbanos como de grandes proveedores como Gumendi o Ecomediterránea. «Aplicamos márgenes de hasta un 20% sólo para mantenimiento. Si hay beneficios, se reinvierten, y si hay excedentes de producto, se intercambian con otras cooperativas como La Ortiga de Sevilla», añade Carmen. El grupo colabora con las instituciones locales por medio de charlas en colegios, la creación de un banco de semillas y en ferias.
Pero no todas las cooperativas han logrado aún este desarrollo. En Cartagena, entre campos de golf e invernaderos nació hace un año la asociación Ecomur. Las 50 familias que la forman se encuentran con la paradoja de comprobar cómo miles de toneladas de frutas y hortalizas con el sello ecológico salen cada día del puerto de su ciudad en dirección a Alemania, donde triplican su valor. «Apenas trabajamos con tres agricultores locales. Aquí todo se exporta, hace falta más variedad y demanda», señala Ricardo Fresno, uno de los fundadores.
Y es que el tamaño importa a la hora de negociar precios y conseguir el favor de los productores. Los miembros Karakoleka, un grupo de consumo con sede en el centro social La Escalera Karakola de Madrid, de 40 unidades, se abastece principalmente de hortalizas de la comarca de La Vera, Cáceres. Pero para completar la cesta se une a otros ocho grupos de diferentes barrios de la capital en la Coordinadora de Grupos de Consumo Agroecológico de Madrid. Juntos negocian, por ejemplo, la compra de leche a un productor cántabro o el aceite a una almazara de Toledo. «Nos gusta tratar con pocos proveedores, pero de confianza», afirma José Miguel Lorenzo, miembro de Karakoleka. «Tenemos cierto grado de tolerancia respecto al aspecto de los alimentos que recibimos. No nos importa si las verduras vienen con algún caracolillo o si la fruta no es perfecta; sabemos que el cultivo ecológico tiene mermas, además de la dependencia de la climatología y del medio».
La formación de grupos de consumo ha favorecido una industria de baja intensidad o de subsistencia en los alrededores de las grandes ciudades, un tejido en ocasiones precario y amenazado por la expansión urbanística. Para las cooperativas, la colaboración de las instituciones es posible si éstas favorecieran los menús ecológicos en los colegios o en residencias para mayores, por ejemplo. Lo ecológico es caro porque es escaso, pero la eliminación de intermediarios y una apuesta oficial decidida abaratarían los precios.
LAS REGLAS DE LA AUTOGESTIÓN
- Comercio justo. La autoorganización y el control del suministro alejan a las cooperativas del ciclo pernicioso del mercado de los alimentos, como la especulación con los precios y la globalización, es decir, recrudecimiento de las desigualdades y explotación de menores y mujeres.
- Cooperación. Una coordinadora de cooperativas de consumo engloba a 27 de los principales colectivos de todo el Estado. Andalucía, Cataluña y Madrid disponen de distintas redes de coordinación propia.
- Buenas prácticas. Los proveedores deben mantener la fertilidad de los suelos a largo plazo, reducir al mínimo el uso de energía fósil en la práctica agraria y proporcionar a los animales domésticos condiciones de vida dignas.
- Mercado. España es uno de los principales productores de alimentos ecológicos, pero la gran mayoría se exporta a países como Alemania o el Reino Unido donde triplican su valor.
- Concienciación. Asumen una labor de reeducación y difusión del consumo responsable, así como otros trabajos de barrio, bien mediante charlas en asociaciones de vecinos o colegios, como mediante actividades lúdicas o proyectos, como el banco de semillas.
- Contactar. La web de La Ortiga, 'www.laortiga.com', la cooperativa más antigua de Andalucía, y de la cordobesa Almocafre, 'www.almocafre.com', permiten ampliar información sobre los grupos de consumo ecológico. En Madrid, la tienda asociativa Asaltodemata ('www.asaltodemata.org') forma parte de la Coordinadora de Grupos de Consumo Agroecológico de Madrid. En Barcelona se puede contactar con la cooperativa germinal en: 'www.coopgerminal.org'.

El precio en origen del pimiento casi se ha triplicado desde la detección de partidas con plaguicida


La causa está en la caída de la oferta debido a que hay que certificar que la producción está 'limpia'

EUROPA PRESS ELMUNDO.ES

ALMERÍA.- El precio en origen del pimiento de la variedad california que se exporta desde Almería a los países de la Unión Europea casi se ha triplicado desde que el pasado 28 de diciembre el Gobierno alemán detectase partidas de este producto con plaguicida no autorizado.
Hace tres semanas el precio en las alhóndigas -centro donde se realizan las subastas- no superaba los 40 céntimos de euro por kilo, mientras que el lunes el precio se situó por encima de un euro por kilo, informó el secretario del sindicato agrario COAG en Almería, Andrés Góngora.
La causa de este espectacular incremento está en el descenso de la oferta de pimientos desde que se produjo la alarma el pasado mes de diciembre.
Varios empresarios del campo almeriense han explicado a elmundo.es que los centros exportadores aceptan sólo la producción de aquellos agricultores que tienen documentos que demuestran que los análisis realizados en sus fincas han sido negativos -sin plaguicidas-.
El problema está en que existen muy pocos centros de análisis en Almería y no dan abasto, con lo que muchos agricultores no pueden acreditar si su producción tiene plaguicidas o no.
En las tiendas no sube tanto
Los datos oficiales del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) reflejan un incremento del 40% en el precio del pimiento verde en origen entre la última semana de 2006 y la primera de 2007.
Así del 25 al 29 de diciembre el kilo de este producto se vendió a 0,71 céntimos de euro, mientras que en la semana del 2 al 5 de enero se estableció en un euro.
Sin embargo, el precio del pimiento california en las tiendas no ha reflejado aún estos incrementos y ha experimentado una subida de alrededor del 2%.
Desde Coexphal -Asociación de Empresas Comercializadoras y Exportadoras de Almería- explicaron que el que el precio en destino no refleje el incremento del precio en origen, se debe a los acuerdos comerciales entre exportadoras y cadenas de distribución europeas que pactan precios al inicio de la campaña agrícola. Estos acuerdos se revisan con una periodicidad que va desde los 15 días al trimestre.

29 diciembre 2006

Alemania advierte que Almería exporta pimientos con un plaguicida prohibido

Partidas de pimientos almerienses tratados con pesticidas organoclorados prohibidos en la UE han sido localizadas en el mercado alemán

29/12/2006 Actualizada a las 03:35h Sevilla

José Bejarano

Al menos una decena de empresas de Almería han utilizado en sus cultivos de pimientos una sustancia prohibida en la UE, isofenfos-metil, de la familia de los organofosforados, importada de China. Esos diez invernaderos, que serán clausurados por un mes y sancionados con 120.000 euros, han puesto en el mercado unos 4.000 kilos de pimientos con contaminantes que superan los límites permitidos. Además de las sanciones administrativas, los agricultores podrían ser acusados de presuntos delitos contra la salud pública. Almería destina a la exportación el 90 por ciento del pimiento que produce, más de 550.000 toneladas al año. Un negocio que ponen en peligro los agricultores que no cumplen las normas de utilización de pesticidas. Alemania detectó el producto y pidió al Gobierno español que investigue y bloquee su posible distribución. El análisis realizado en Stuttgart con 35 muestras de pimientos, de las que 15 procedían de España, dictaminó que 9 contenían residuos del citado plaguicida. Los pimientos llegados de Turquía, Marruecos y Holanda dieron resultado negativo. Rápidamente fue alertado el departamento de Agricultura, que lo puso en conocimiento del Ministerio de Sanidad. No se trata de una alerta sanitaria formal, aunque sí es una petición oficial para que se investigue el origen de la contaminación y se impida la comercialización de productos. La respuesta ayer fue el despliegue de inspectores de los departamentos de Salud y Agricultura en decenas de alhóndigas de Almería en busca de pimientos contaminados. El resultado fue la presencia del citado plaguicida en al menos una docena de empresas, a las que se sancionará con dureza. El consejero de Agricultura de la Junta, Isaías Pérez Saldaña, dijo que contempla incluso el posible cierre definitivo de explotaciones. De momento serán clausuradas un mes. La razón no sería tanto por riesgo para la salud de los consumidores, que dadas las concentraciones encontradas tendrían que comer toneladas de pimientos para sufrir consecuencias, como por el daño económico que este tipo de alertas generan en la agricultura andaluza. La ministra de Sanidad, Elena Salgado, subrayó ayer que no hay alerta sanitaria, ni riesgo para la salud, lo que desaconseja paralizar toda la distribución. Sólo han sido bloquedas las partidas afectadas. La Junta de Andalucía ya ha identificado los almacenes de donde partieron los pimientos tratados. Desde el lunes serán controlados también los camiones que salgan en ruta hacia centro Europa. Alemania, Francia, Bélgica y Holanda son los principales destinos de la producción almeriense de pimientos. Según la Junta, el propio sector agrícola almeriense ha pedido la máxima dureza contra los infractores. La Consejería de Salud demanda a las empresas que instalen detectores de utilización de plaguicidas para evitar situaciones de este tipo. La Federación de Consumidores en Acción (Facua) considera lamentable que tenga que ser Alemania la que detecte alimentos que se han contaminado en España, "una situación que supone una muestra más de que el control alimentario es insuficiente". La Facua considera fundamental que las administraciones públicas de las comunidades autónomas refuercen sus controles en materia de vigilancia alimentaria.

16 diciembre 2006

Verduras Contaminadas en los Supermercados Europeos

07 noviembre, 2006

La verdura y la fruta de los supermercados Lidl es la que mayor cantidad de pesticidas tóxicos contiene, según el informe "Pesticidas en el supermercado", publicado por Greenpeace en Alemania.
Pero resulta ser la fruta y verdura del sur de Europa -Grecia, España y Turquía-, la que mayor cantidad de residuos contiene.
Para la elaboración del estudio, los evaluadores adquirieron 658 muestras de frutas y verduras en las principales cadenas de supermercados de Alemania, Suiza y Austria y las analizaron, a la búsqueda de 300 sustancias químicas peligrosas.
Greenpeace se declara insatisfecho con todos los productos evaluados. "Ninguno de los alimentos está aprobado", declara un experto de la organización; las frutas y verduras contienen cantidades cada vez más elevadas de pesticidas.
Peligro para la salud de los niños
Greenpeace informa que en el 15% de los casos (100 muestras), los alimentos superaban las cantidades máximas de pesticidas permitidas.
Un alimento muy contaminado son las uvas de mesa. Los pesticidas, según los médicos ambientales, pueden perjudicar el sistema hormonal, provocar cáncer y dañar el sistema nervioso.
Los niños son los que sufren el mayor riesgo. Un 16% de las muestras mostró grandes cantidades de pesticidas, que podrían suponer un grave peligro para la salud de los niños pequeños.
El experto en química de Greenpeace, Manfred Krautter, recomienda a los consumidores que tengan en cuenta dónde compran. "Las diferencias de calidad son muy grandes". Desde Greenpeace se recomienda comprar en tiendas de productos ecológicos. Ninguno de los supermercados de descuento es recomendable según la organización, pues en torno al 20% de las frutas y verduras de estos establecimientos están "suspensos", según el informe.
Los alimentos del sur de Europa están más contaminados.
Para la investigación se escogieron ocho grupos idénticos de productos de cultivo tradicional: peras, uvas de mesa, melocotones/nectarinas, pepinos, tomates, pimientos, zanahorias y lechugas.
Según el estudio, por lo general las frutas y verduras del sur de Europa están más contaminadas que las provenientes de Holanda.
Greenpeace ha puesto reparos sobre todo a los productos de Turquía y Grecia ?sus alimentos contienen una media de 0,1 mg/kg de residuos peligrosos-, pero los españoles tampoco han salido muy bien parados. Sin embargo, la verdura de Austria y los Países Bajos ha obtenido buenas notas en comparación ?en la verdura de los Países Bajos se encontraron 0,2 µg (microgramos) por kilo de alimento. Los productos de Francia, Italia y Alemania se encuentran en un punto intermedio.
Según los expertos de Greenpeace, los alimentos más contaminados son las uvas, nectarinas y lechugas, mientras que la mitad de las zanahorias y los pimientos están libres de restos perjudiciales.